ELEAZAR Y LA TUBA
Mi nombre es Eleazar, que estas líneas que escribo sirvan a modo de confesión.
Nací en 1987 en un pequeño pueblo en el centro del estado de Veracruz, fui el más pequeño de 8 hermanos.
Mi familia se dedicaba al campo, éramos propietarios de varias hectáreas de tierra las cuales le habían sido dadas a mi bisabuelo a principios del siglo XX cuando vino de su natal España huyendo de la pudredumbre del viejo continente.
Mi madre había heredado las tierras y su marido se dedicaba con suma devoción a su cuidado, sembraban frijol y maíz, también tenían algunos animales.
La vida en el rancho no era mala, no para un niño que no es consiente de toda la precariedad con la que vive. Cierto que mi padre trabajaba arduamente la tierra, pero eso no significaba que lo hiciera bien, lo que provocaba que todo el esfuerzo se viera pobremente redituado.
Así pasó mi infancia, entre la ignorancia y el calor del hambre cuando me iba a acostar, pocas cosas recuerdo que me hicieran tan feliz como la música.
En la región donde vivía lo que se escuchaba por aquella época era el son jarocho, instrumentos de cuerda que hacían las veces de percusiones acompañaban requintos tan rápidos y complejos en su ejecución que harían palidecer a cualquier guitarrista de heavy metal. Las letras hablaban del clima, de comida, de animales y de la selva. En esa mi primer infancia solo conocía esa música y jamás pensé ni di cabida a que existieran otros ritmos o sonidos.
Recuerdo una ocasión siendo muy niño encontrarme en medio de un fandango bailando un son jarocho con una vecina y su primo, cuando de repente se levantó un tipo desconocido. El sujeto traía consigo un extraño objeto metálico y dorado, el mismo pareció cobrar vida y de repente envolvió al hombre, todo esto me pareció horroroso, que un hombre tan corpulento estuviera a punto de ser engullido por este objeto que de la nada había adquirido atributos animales.
De lo alto del animal se alzaba una enorme boca, en mi desesperación me pareció que el hombre tomaba el extremo opuesto de la criatura y pensé que comenzaba a morderlo, de la boca del monstruo comenzó a vibrar un estruendoso sonido como un bramido, algo que nunca antes había escuchado, era seco y profundo. Comencé a llorar de miedo y asombro porque nunca en mi vida había escuchado semejante sonido.
Tenía yo 6 años cuando esto ocurrió, desde entonces mi vida quedó ligada al de aquel monstruo que luego descubriría que se llamaba tuba y no era un monstruo, era un instrumento musical que tenía sus orígenes en la música alemana del siglo 19.
Tanto así quedó ligada mi vida a aquel instrumento que a la edad de 26 años estaba por terminar una maestría en música especializándome en la ejecución de dicho instrumento.
Aunado a mis estudios musicales había otra clase de temas que me apasionaban y estos eran todos aquellos relacionados con el oscurantismo y conocimientos secretos. Al ser tan precarias mis raíces y por consiguiente tan llenas de ignorancia y miedo, me pareció fascinante descubrir todas esas historias que revelaban un mundo en el que estuve sumido la primera etapa de mi vida, ese de superstición y oscuridad que me había hecho creer que un instrumento musical era algún tipo de criatura.
Bendita ignorancia, como la añoro hoy día en que el mundo como lo conozco ha desaparecido y todo por mi culpa, maldita mi estúpida necedad que me hizo querer conocer más del mundo de la oscuridad, y ahora que he visto a los ojos a esa misma oscuridad me ha devuelto la mirada.
En una de mis tantas lecturas di con un libro llamado "Les sons de la fin du monde", escrito por un autor loco que aseguraba haber contactado con demonios que le enseñaron a tocar trompetas angelicales y trombones demoníacos.
De entre toda la locura vertida en aquellas páginas me encontré con un compilado completo de partituras escritas para instrumentos de viento y percusiones.
Comencé a estudiar estas obras cuyo título en un principio pensé que era "Hic solam mortem invenies", es decir: Aquí encontrarás sólo la muerte.
Luego supe, demasiado tarde, que aquella inscripción a la cabeza de las partituras era una advertencia y no un título.
Cómo por casualidad cuando me encontraba en mitad de aquella profana traducción recibí la visita de un extraño hombre, era alto y de tez oscura, su mirada era penetrante aunque no tanto como su voz que al sonar parecía no surgir de su boca si no de algún lugar distante en el cosmos. Traía consigo un hermoso instrumento de viento, era una tuba de algún material que no reconocí en aquel momento, era completamente de color negro y su peso era muchísimo más ligero que cualquiera que hubiera conocido antes. Y que decir de su sonido, nunca había escuchado semejante sonoridad, era elegante y profundo como ningún otro instrumento creado por un ser humano.
El extraño de voz profunda me obsequió el instrumento diciéndome estas palabras: para viajar no sólo necesitas un mapa, también necesitas el transporte correcto para hacer el trayecto. Después de éste encuentro no volví a saber de aquel sujeto.
En aquel tiempo estaba a punto de graduarme y como proyecto de tesis me dediqué a traducir esta música sacra para que pudiera ser interpretada por una banda sinaloense.
Desde hace algún tiempo intercalaba mis estudios con algunos trabajos como arreglista para músicos emergentes del género grupero, poco a poco había ido obteniendo reconocimiento dentro de la industria ya que mis arreglos fusionaban elementos que nunca nadie hubiera imaginado.
Acababa de salir a la venta un álbum en donde me atrevía a mezclar la jarana, un instrumento percusivo de cuerdas, con una sección de metales, la combinación se leia ridícula para cualquier entendido de la música, pero una vez que lo escuchabas todo tenía sentido.
Por eso este trabajo de tesis habia ocasionado tanta expectación tanto del gremio académico como de la industria musical, mi naciente carrera ya auguraba un futuro brillante, algunos críticos musicales ya hablaban de que mi trabajo llegaría a ser tan influyente como el del mismísimo Chalino Sánchez.
La presentación se llevó a cabo en el conservatorio municipal de música de Sinaloa, ante un impresionante público formado por la crema y nata de músicos de la región y los productores de banda más respetados de la última década.
Este sería el último concierto del mundo, la música que antaño había sido imitación del canto de los pájaros y los sonidos de la naturaleza había evolucionado gracias a mi y ahora evocaría sonidos sólo antes escuchados por aquellos cuyas almas penan en el infierno.
Había reunido un grupo de música sinaloense conformado por tarola, una tambora, 3 clarinetes, 4 trompetas, 6 trombones, 2 saxofones y una tuba, ejecutada por mi.
Todos los músicos tenían sus partituras, el silencio reinaba en el lugar, el público esperaba ansioso el recital con un fervor contenido que rayaba en lo tribal, de golpe comenzó el estruendo provocado por la tambora, un redoble rapidísimo de tarola y a los dos compases todos los metales al unísono comenzaron a tocar aquella música infernal, ninguno de los músicos habíamos ensayado juntos, todos habían recibido su parte de la pieza musical y en la intimidad la habían estudiado.
Esto era parte de mi tesis, que la comunión con la música se diera de manera espontánea y surgieran aquellos sonidos de manera natural sin necesidad de previos ensayos.
Después de la estruendosa obertura vino la calma y los clarinetes comenzaron a lucirse y a hipnotizar a todos con su agudo canto, así, cada sección de la banda comenzó a acoplarse nuevamente subiendo el tono de la melodía, provocando un éxtasis que nunca había visto en ningún músico.
Mis compañeros de banda en plena comunión con la música ejecutaban aquellos estruendoso sonidos mientras la audiencia dejaba que sus corazones latieran al ritmo de aquellas percusiones demoníacas.
Luego, silencio de nuevo que daba paso al momento cumbre de la noche, el sólo de tuba, mis labios vibraban con una furia y locura desenfrenada, cerré los ojos y dejé de leer las partituras, la música seguía saliendo no ya de mi boca si no de mi alma, sentí calor y frío al mismo tiempo, mi piel se erizaba y la ropa me quemaba.
Abrí los ojos y pude ver el apocalípsis, el público se arrancaba los ojos con sus propias manos y proferían alaridos que se confundían entre risas de locura y gritos orgásmicos que taladraban mis oídos.
Una mujer se arrancaba los senos mientras que un sujeto le mordía la axila a un tipo que era penetrado en la cabidad donde antes debió estar un ojo. Actos de violencia eran cometidos mientras la música seguía sonando, el piso resbaloso por la sangre ocasionaba que algunos resbalaran y se volvieran presas del apetito caníbal de algunos presentes.
Aquello era un infierno, no sabía que era lo que había pasado, no, mentira, si lo sabía, mi tuba había abierto las puertas del infierno, yo era el cerrajero que había confeccionado la llave que abrió de par en par el universo y permitió la entrada a una ola de maldad y decadencia.
Comprobé enseguida que nadie notaba mi presencia, todos estaban sumidos en sus profanos actos, tan ocupados que yo pasaba desapercibido.
Salí del recinto solo para comprobar que toda la cuadra, la ciudad, el estado, el país, el mundo, todo estaba sumido en la misma oscuridad.
He vagado por 10 años creo, desde aquel fatídico concierto, he sobrevivido apenas y muchas noches he pensado en acabar con mi vida. Los pocos sobrevivientes se han convertido en demonios sedientos de carne, sin conciencia, abrazados por una oscuridad que se ve reflejada en sus miradas.
A la par he tratado de escribir nueva música, algo que pueda revertir lo que le hice a la humanidad, pero hay unas voces en mi cabeza que me hablan y no me dejan concentrarme, son demonios que no quieren que termine mi labor, malditos engendros, no dejaré que me engañen.
Justo ahora me están hablando, lo que dicen no tiene sentido, me piden que ingiera algo llamado clozapina, yo me reuso y sigo tocando mi tuba, en búsqueda de la nota que salvará al mundo.
*Para los que me conocen podrán identificar que este cuento habla mucho de mi y de mis gustos, es como si hubiera mezclado a la banda MS con H.P. Lovecraft.
Este se ha convertido en uno de mis cuentos favoritos, espero lo hayan disfrutado.


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